RED DE REDES

¡Me pesa el corazón! ¡Se me agarran los nervios al estómago!
Es una forma de hablar… ¿o no? 
Todas las piezas que forman nuestro mundo, a nosotros, nuestros sistemas y órganos están interconectadas y pueden influir unas en otras. En cuanto a la relación entre el corazón, los nervios y el estómago, aunque también los intestinos, parece que ésta es más literal y menos literaria de lo que parece.
El cerebro y el corazón influyen mutuamente a cada instante y el sistema nervioso autónomo es de los mecanismos vinculantes más importantes. El sistema nervioso simpático “acelera” el corazón y activa el cerebro emocional y el parasimático actúa de freno sobre uno y otro. Por otro lado, también el intestino y el corazóncuentan con sus propios circuitos de decenas de miles de neuronas1,2, relación que no es nada nueva para la acupuntura3. Así pues, no es de extrañar que las alteraciones en el medioextratorácico puedan influir en el sistema nervioso cardíaco, ya que recibe aferencias indirectasa través de las neuronasde la médula espinal derivados delas neuritas sensoriales en los tejidos extratorácicos 1,4. 
brain heart system cerebro corazón
Sistema cerebro-corazón.
En los estados de estrés, ansiedad, depresión o cólera, la frecuencia cardíaca entre los dos latidos se torna irregular o caótica. Este caos interfiere con la sincronización de las operaciones del cerebro. Sin embargo, los estados de bienestar, compasión o de gratitud, hacen que esta frecuencia se vuelva coherente5.

Una de las acepciones del término coherencia hace referencia al acoplamientoy el grado de sincronización entrediferentes sistemas oscilantes. Nuestro organismo es uno de ellos.  De hecho, se estima que entre el 40% y el 65% de todas las actividades cerebrales se sincronizan en fase en un momento dado, en este contexto, la coherencia  es una medida de la actividad correlacionada entre las regiones del cerebro, orquestada desde las conexiones neuronales directas entrelas regiones, aquellas que proceden del tálamo y las de otras regiones neocorticales, sin embargo, también se produce una coherencia  cruzada entre estructurascorticales a distancia y que no están anatómicamente conectadas6.
El estado de coherencia cardíaca influye en el resto de ritmos fisiológicos, y se sincroniza con la frecuencia natural de la tensión arterial y la de la respiración. La alineación o sincronización de las tres funciones representa una economía energética real para el organismo5. Existen aplicaciones que permiten monitorizar los cambios en la frecuencia cardíaca y obtener así un feedback inmediato.  
Coas y Coherencia cardíaca. Inner Balance: http://minimalistrunningshoes.org/heartmath-balance-sensor-review
Aun que nada tengan que ver las churras con las merinas, sí que hay relación entre cómo pensamos, sentimos y funcionamos. Entre el estreñimiento y el estrés, entre la frecuencia cardíaca y la angustia. Y lo mejor de todo, entre la serenidad y el bienestar y la tensión arterial adecuada, una respiración, digestión, metabolismo sincronizados y saludables. Y se puede entrenar. 
Así, ¡seamos coherentes, personas clase A!

 

*En 1978, un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce oficialmente la acupuntura como práctica médica eficaz y aceptada.
Referencias:
  1. Armour JA. Anatomy and function of the intrathoracic neurons regulating the mammalian heart. In: Zucker IH, Gilmore JP, eds. Reflex Control of the Circulation. Boca Raton, FL: CRC Press;1991:1–37 
  2. Madhu Reddy Y, et al. Atrial fibrillation ablation in patients with gastroesophageal reflux disease or irritable bowel syndrome—the heart to gut connection! Journal of Interventional Cardia Electrophysiology. September 2013, 37(3):259-265.
  3. Sociedad Española de Acupuntura Médica: Recomendaciones OMS [noviembre 2013]. Disponible en: http://www.same-acupuntura.org/nosotros.php
  4. Armour JA. The little brain on the heart. Cleve Clin J Med. 2007 Feb;74 Suppl 1:S48-51.
  5. Servan-Schreiber D. Guérir. Editions Robert Laffont, París, 2003.
  6. McCraty R, Childre D. Altern Ther Health Med. 2010;16(4):10-24.

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