LA PRONACIÓN NO ES MALA

El pie es una plataforma móvil y estable constituida por 26 huesos unidos por numerosas articulaciones y sus resistentes ligamentos que permite estar de pie, caminar, correr, saltar, bailar…es decir, propulsar el cuerpo y amortiguar su caída, a través del equilibrio de las contracciones y relajaciones musculares y del feedback sensitivo.
¡Una vez más, el equilibrio es la clave!
A menudo se considera la pronación como sinónimo de alteración, como algo que invariablemente hay que corregir. Es así cuando aparece un exceso, un pie pronado pero también, y no hay que olvidarlo, la falta de pronación puede convertirse en un fuente de problemas. Para que el pie pueda cumplir su función, deben darse los movimientos tanto de supinación como de pronación, es sí, en su justa medida.
La inmovilización del tobillo y el pie, por ejemplo por culpa de una fractura ya sea del peroné, de la apófisis estiloides del 5º metatarsiano…se produce una atrofia muscular desde los primeros días, sobre todo de los músculos que se inmovilizar en posición de acortamiento. Al reducirse la superficie transversal del músculo, disminuye la fuerza. También se debilita la resistencia de los ligamentos y la capacidad de soportar la tensión de los tendones y aparece rigidez articular.
Retirada la inmovilización, y una vez que empieza el tratamiento, un problema frecuente suele ser la falta de amortiguación al caminar. A los pacientes se les mandan ejercicios para estirar los gemelos para que recuperen la movilidad, pero muchos de ellos, aun siendo siendo constantes, continúan con el mismo problema. 
¿Por qué?
¿Equilibrio? 
Porque no se ha recuperado el equilibrio y porque no se ha recuperado una pronación adecuada. 
Los músculos de la parte de delante de la pierna (espinilla) y el tobillo, los antagonistas, los contrarios a los de la pantorrilla, permanecen acortados y a menos que se relajen, estiren y recuperen su fuerza, la movilidad no podrá volver a ser la normal y grupos de músculos como el tríceps sural (gemelos y sóleo) no podrán contraerse y relajarse adecuadamente. Esa contracción y relajación equilibrada de músculos contrarios (delante y detrás, lateral externo y lateral interno del tobillo) permite combinaciones completas de movimientos articulares, entre ellos, la combinación pronación-supinación, es decir, amortiguación-propulsión, las funciones del pie.

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