GOTA: PREVENCIÓN Y MANEJO DEL DOLOR



Con el término GOTA se designan las manifestaciones clínicas producidas por el depósito de cristales de urato monosódico sobre todo en la cavidad articular, pero también en otros tejidos. Esta precipitación de cristales es consecuencia directa del aumento del nivel de ácido úrico sérico.

Las manifestaciones clínicas incluyen: 

a) episodios de artritis aguda, bursitis o tendosinovitis, que tienden a ser autolimitados y recurrentes en su inicio y, más adelante, a veces crónicos

b) depósitos palpables de cristales de urato monosódico intrarticulares o extrarticulares denominados tofos; estos depósitos pueden producir daño estructural articular responsable de una artritis deformante característica

c) en ocasiones, afectación renal y cálculos urinarios de ácido úrico

Los niveles séricos de ácido úrico aumentan por dos posibles mecanismos:

  1. Aumento de la síntesis por defectos enzimáticos o por el aumento del catabolismo de la purinas y que suele acompañarse de excreción renal aumentada y mayor incidencia de nefrolitiasis.
  2. Disminución de la excreción renal, que es el mecanismo más común (90% de los casos); el uso de diuréticos constituye actualmente la causa identificable más común de hiperuricemia. Otros fármacos como el ácido acetilsalicílico en dosis bajas (en dosis altas es uricosúrico), el ácido nicotínico (modificador de los lípidos), el etambutol, la ciclosporina y la pirazinamida son también causa de hiperuricemia al disminuir la excreción renal.

La descripción clásica de la artritis aguda, localizada en alrededor de la mitad de los casos en la articulación metatarsofalangiana del dedo gordo del pie –que origina la clásica podagra– o bien en tarso, tobillo, bolsa preaquílea, rodilla, muñeca o alguna articulación metacarpofalangiana o interfalangiana de la mano o en la bolsa olecraneana es válida para la mayoría de las ocasiones y suele ser la forma de inicio de la enfermedad.

Es habitual que los primeros ataques de gota comiencen de forma aguda, en ocasiones de noche, y que, dejados a su evolución natural, cedan en días o pocas semanas. Tras el cese  espontáneo o con tratamiento de un ataque de gota, normalmente los síntomas desaparecen por completo. Sin embargo, la norma es que, en ausencia de tratamiento, los episodios tiendan a ser más frecuentes, más intensos y de mayor duración, puede ocurrir que la inflamación articular sea crónica y persistente1, 2.

Tratamiento:

Además del tratamiento farmacológico pautado por el reumatólogo/a, las dietas con restricción de purinas (casquería, carne roja, mariscos) y fructosa2,3pueden descender el nivel de ácido úrico sérico. Una dieta destinada a reducir el peso de aquellas personas con gota que tiene sobrepeso u obesidad, sobre todo si tienen otros problemas asociados (hipertensión arterial, diabetes…). Es también aconsejable que los que ingieren bebidas alcohólicas, sobre todo cerveza, reduzcan en lo posible este hábito3.

En cuanto a los síntomas músculo-esqueléticos, el calzado deportivo que controla el movimiento de tobillo y pie, confiere amortiguación y estabilidad puede reducir el dolor del pie y la discapacidad músculo-esquelética4.







Referencias:

  1. Pascual Gómez E.,  y Batlle Gualda, E.  Reumatología y enfermedades sistémicas. Artritis por microcristales (gota y otras). Medicina Interna. 1028-1033.
  2. McGill, NW. The epidemiology and treatment of gout. Open Access Rheumatology: Research and Reviews. 2011:3 73–82*.
  3. Suresh E et al. Recent advances in management of gout. QJM. 2012 May;105(5):407-17.
  4. Rome et al. The effects of commercially available footwear on foot pain and disability in people with gout: a pilot study BMC Musculoskeletal Disorders 2013, 14:278

*Artículo original: OARRR-10313-epidemiology-and-prophylaxis-of-gout_122011.pdfArtículo completo

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